LA IGLESIA SAMARITANA,
HUMILDE SERVIDORA DEL SER HUMANO
HABRÁ UN DÍA EN QUE TODOS,
AL LEVANTAR LA VISTA,
VEREMOS UNA TIERRA
QUE DIGA LIBERTAD (2)
Hermano, aquí mi mano.
Será tuya mi frente
y, tu gesto de siempre caerá sin levantar,
huracanes de miedo contra la libertad.
Haremos el camino en un mismo trazado,
uniendo nuestros hombros, para así levantar
a aquellos que cayeron, gritando libertad.
Sonarán las campanas desde los campanarios.
Y los campos desiertos volverán a granar
unas espigas altas dispuestas para el pan.
Para un pan, que en los siglos nunca fue repartido
entre todos aquellos, que hicieron lo posible
por empujar la historia hacia la libertad.
También será posible que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver.
Pero habrá que forzarla, para que pueda ser.
Que sea como el viento, que arranque los matojos,
surgiendo la verdad. Y limpie los caminos
de siglos de destrozos contra la libertad.
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